miércoles, 30 de abril de 2008

Andrés Calamaro - La Parte de Adelante

soy vulnerable a tu lado más amable
soy carcelero de tu lado más grosero
soy el soldado de tu lado más malvado
y el arquitecto de tus lados incorrectos

soy propietario de tu lado más caliente
soy dirigente de tu parte más urgente
soy artesano de tu lado más humano
y el comandante de tu parte de adelante

soy inocente de tu lado más culpable
pero el culpable de tu lado más caliente
soy el custodio de tus ráfagas de odio
y el comandante de tu parte de adelante

perdiendo imagen a tu lado estoy mi vida
mañana será un nuevo punto de partida
soy vagabundo de tu lado más profundo
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo
que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el comandante de tu balsa de madera

que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el carpintero de tu balsa de madera
aaahhh….

soy el soldado de tu lado malvado
y el comandante de tu parte de adelante
perdiendo imagen a tu lado estoy mi vida
mañana será un nuevo punto de partida
soy vagabundo de tu lado profundo
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo

que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el comandante de tu balsa de madera
que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el carpintero de tu balsa de madera
aaahhh….

soy el soldado de tu lado malvado
y el comandante de tu parte de adelante
aaahhh...
soy el soldado de tu lado malvado
y el comandante

sólo estoy sólo y estoy buscando
es a alguien que me está esperando
que me entienda y si no me entiende
alguien que me comprende
alguien a alguien para recordar
de memoria cuando estoy de viaje
cuando estoy muy lejos y
soy un vagabundo y camino bastante
alrededor del mundo
pero quiero volver a mi casa
a alguna casa
para encontrar a esa princesa vampira
que respira
que respira y me mira


¿Recuerdas ésta canción, Chica Guanabana?

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martes, 29 de abril de 2008

Fotografía

Enterrada bajo una pila enorme de cuadernos de la secundaria y libros empolvados, descubrí una fotografía mía que automáticamente me transportó a una época que había olvidado (conciente o inconcientemente) y que no pude evitar el recordar de pronto.

Mirando atentamente aquella instántanea, me veo con aquel buzo azul de educación física y la cara roja (sin mancha alguna, impecable) y unos ojos bien cansados. Estaba sentado en la parte trasera de un bus, sosteniendo en una bolsa lo que parece ser una botella de plástico y un tapper, seguro los rastros de una lonchera preparada para algún paseo escolar.

La veo detenidamente, debo tener unos 12 o 13 años apróximadamente. Era tan inocenten en aquella época; ya había recibido mi primer beso de parte de una niña que me pidió ser mi novia pero que terminó besando a un amigo de por aquellos que uno escoge equivocadamente.

Había dado el salto a la pubertad luego de una infancia marcada por una enfermedad que me aisló del mundo totalmente. Cual niño de la burbuja, aprendí a leer y dibujar cuando debía haber estado jugando canicas o bailando trompos con huaraca. En fin, aquella etapa es mejor no recordarla y pasemos a hablar del contexto en que se tomó esta fotografía.

Eran los finales de los noventa; los celulares aún estaban restringidos para las clases pudientes, el internet se estaba empezando a masificar, el tra y los cuentos de la cripta (desde la parte 1 hasta el último que llegaran a sacar... francamente, yo conocí y bailé uno nomás) alborotaban las fiestas a luces de cualquier cumpleañero o cumpleañera.

Mis primeros encuentros con la maravilla de lo que es el licor se dieron en estas épocas. Habiendo probado la amarga cebada de la cerveza, me abrí paso a lo que luego se convirtió en un idilio que mantengo hasta ahora: mi primer encuentro apasionado con el trago corto. Por estos días también descubrí el mal hábito del cigarrillo, costumbre que practico hasta la actualidad y que espero dejar muy pronto.

Cursaba la mitad de la secundaria, nunca me destaqué en las actividades físicas ni mucho menos en el cuadro de méritos. Aunque a veces peleaba junto a la cerebrito del salón el primer lugar, pero siempre me caía a finales del año, descendiendo hasta el tercer o cuarto lugar. Es chevere que a uno le reconozcan sus méritos como obtener el primer lugar en el cuadro de honor (cosa que nunca logré), que sepas que estuviste cerca pero quedaste en segundo lugar (cosa que logré sólo una vez y tengo la prueba colgada en un pasillo de mi casa)... pero qué roche que te reconozcan un tercer lugar donde siempre se suele premiar a los dos primeros puestos (cosa que se repitió varios años, la diploma que recibía era una cartulina blanca doblada que me la entregaban luego de la ceremonia principal y sin foto incluída).

Como decía, solía ser muy inocente en aquellos días. El mundo era aún ancho y ajeno para mi, tanto así que cuando cumpli 13 hice mi primer viaje interdistrital, no por determinación propia sino porque equivoqué la ruta de un bus y terminé rogándole a un cobrador que me devolviera el pasaje que había pagado para regresar a mi casa (lo que uno pasa cuando no tiene calle).

Tener 13 antes era mucho más fácil que tenerlos ahora. No habían las presiones que hay ahora, las modas eran pasajeras y la droga aún permanecía oculta. Tampoco había tanto piraña suelto como ahora, se podía caminar un poco más tranquilo, pero eso sí, sin confiarse tanto. Las fiestas solían acabar temprano (claro, si no sabías lo que era tomar) y las matinés en las discotecas se estaban poniendo de moda.

Me pregunto a veces que será tener 13 ahora... quizás escuche reggaetón, vista con ropa ancha y hable como retardado. No lo sé. Menos mal que cuando tuve 13 descubrí el rock y ello me llevó a seguir descubriendo muchas cosas más, como el arte de escribir, el cine, la historia, etcétera; viviendo como una trucha nadando contra la corriente.

Si pudiera decirle a mi yo de la foto todas las cosas que he vivido, quizás pudiera aconsejarle de tomar mejores decisiones con respecto a algunas cosas (cuanto sufrimiento le evitaría), pero lo bonito de aprender a vivir es aprender a equivocarte.

¡Ay cómo duele crecer! pero si no duele, no sirve...

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domingo, 27 de abril de 2008

Sex Pistols - No Fun

No fun, my babe no fun
No fun, my babe no fun
No fun to hang around
Feeling that same old way
No fun to hang around
Freaked out for another day

No fun, my babe no fun
No fun, my babe no fun
No fun to be alone
Walking by my self
No fun to be alone
In love with nobody else

Well, maybe go out,
Maybe stay home
Maybe call Mom on the telephone
Well, come on, well, come on
Well, come on, well, come on
Well, come on, well, come on
Well, come on, well, come on
No fun to be alone
No fun to be alone
Hang on, don't let me go
No fun to be alone

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Soledad

En aquella mazmorra que llamas vida en la que me encuentro
me mantienes siempre prisionero, entre barrotes de tristeza
con las cadenas de la melancolía en mis tobillos y muñecas
y una condena tan larga como mis pesares de los cuales eres culpable

De cuando en cuando me visitas, sosteniendo las llaves en tu cinto
de la felicidad que me depara lejos de estas cuatro paredes,
me mantienes en solitario lejos de las visitas y de la sonrisa de la gente
y restringes la luz de la esperanza en mi celda tapiando la ventana de la ilusión

En mi claustro, los días y las noches pasan sin diferencia alguna
marcando con mis uñas en las paredes los días que llevo prisionero
recordando los instantes de mi vida cuando gozaba de mi libertad
que tú osaste convertir en el encierro en el que vivo

Llegas a mitad de noche a comenzar la tortura,
han pasado años desde que lo vienes haciendo
azotándome con el fuete de la desdicha y el látigo de la indiferencia
hiriendo mi tan mermado deseo de escapar de esta condena

Al final, después de todo el castigo y vapuleado en una esquina,
te acercas tiernamente y me enriedas en un abrazo eterno
y me reafirmas el eterno amor que me juraste desde antes de vernos,
que jamás te alejarás de mi sin importar lo que haga...

Soledad, dime cuan perpetua es mi sentencia...

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sábado, 26 de abril de 2008

La niña de los fósforos

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.

Escrito por Hans Christian Andersen

Esta historia marcó mi infancia. Recuerdo que la vi en una de esas series cortas de cuentos que pasaban antes por el canal 7, en esos programas de animación cuadro por cuadro con marionetas japonesas. Realmente una verdadera obra de arte. Ando buscando el video, sí lo tienen o saben donde está, por favor avísenme.



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