lunes, 27 de diciembre de 2010

Minuto y medio


Me enamoré de ti en lo que dura una canción pop
Y como tal, quedé prendado por la armonía de tu rostro
La melodía de tu voz, el ritmo de tus caderas
Y lo pegajosa que era tu personalidad...

Nuestro primer beso duró lo mismo que una canción pop
Canté cada uno de los segundos como si de un coro se tratase
Y traté de repetir aquellas estrofas en cada momento que vivimos juntos
Recordando siempre que toda canción tiene un inicio y un final

Tu partida fue tan repetitiva como el estribillo de una canción pop
Ya que se reproducía una y otra vez en los rincones más alejados de mi alma
Los recuerdos de lo que una vez fuimos tú y yo, juntos contra el mundo
Tomados de la mano como si bailaramos al ritmo de una lenta melodía

Me olvidé de ti al igual que una vieja canción pop
Dejando de sintonizarte en el dial de mi vida
Buscando nuevos éxitos que hagan bailar nuevamente a mi corazón
Y tan solo recordándote para saber que puedo olvidar

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

♫ Capitán Memo, Eres Formidable... ♫

El Capitán sacó a flote un muy buen concierto. (Foto: La Nuez)

Si a alguien se le debe permitir lucrar con los recuerdos nostálgicos de nuestra infancia, es a Juan Guillermo Aguirre, más conocido en el mundo del hampa como el "Capitán Memo", autor de los temas de entrada de las series animados que marcaron una época en los niños y niñas de hace dos generaciones atrás.


La cita fue anoche en la discoteca Vocé ubicada en Lince, donde acudió un caudal de más de 400 personas a corear sus temas y evocar los recuerdos más entrañables de una etapa que en algunos no hace mucho que pasó, pero que en otros ya cuesta un poco más el recordarlo.

Alrededor de las 10:15 de la noche, las pantallas del escenario comenzaron a proyectar un popurrí de imágenes de las series más recordadas de nuestra niñez, mientras que el ambiente se iba creando para el arribo al escenario del Capitán y su banda. En medio de un destello de luces psicodélicas, Memo apareció con su guitarra y empezó a entonar el tema de He-Man, el guerrero legendario de Grayskull que combate al malvado Skeletor y sus secuaces por la paz de su planeta, Eternia.

En medio de vítores y palmas, Memo hizo un repaso de todo su repertorio, tocando los temas de series como Sport Billy, Angel, Rey Arturo, El Galáctico, La ballena Josefina, Mujer Araña, Los Caballeros del Zodiaco, Los 4 fantásticos, Don Quijote, La Máquina del tiempo, El Capitán América, El Vengador, Capitán Futuro 2, El Gladiador y El Hombre Araña, que fueron coreadas por todos los asistentes y uno que otro disfrazado en el público.

Para el turno de Heidy, Marco y Candy, subió al escenario su ahora esposa, con quien se casó en Las Vegas días antes de arribar a nuestra capital, acompañándolo en las voces y animando a la emocionada concurrencia hasta el final del concierto.

Quedó para la anécdota lo ocurrido con el tema de La Pequeña Lulú, que debido a un problema con el proyector de video, fue repetida a pedido del público. También quedó para el recuerdo, en un pequeño intermedio, el vals peruano que el Capitán interpretó para el deleite y asombro de su público, profesando una y otra vez, su amor por nuestro país y sus ganas de visitar Huancayo para comerse una rica Papa a la Huancaína.

Don Quijote, El Festival de Robots, Fábulas del Verde Bosque y la versión que todos conocemos del Capitán Futuro fueron las encargadas de cerrar un show, que estuvo lleno de nostalgia y anhelos por una época que ya se nos ha ido, pero que recordamos y añoramos siempre y permanecerá en nuestro imaginario hasta el fin de nuestros días.

Vuelve pronto, Capitán...

P.D. Aquí les dejo unos videos que encontré en la red. ¡Disfrútenlos!






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lunes, 6 de diciembre de 2010

Volver a empezar


Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me senté a escribir en las páginas virtuales de esta bitácora. Durante aquel período, muchas cosas (entre buenas y malas) ocurrieron en esta rutina que llamo vida. La primera, y más importante de todas, es que ingresé a trabajar a un medio grande de mi país, en donde espero iniciar lo que hace 5 años atrás escogí como la forma en que me ganaría la vida.

En lo personal, sigo igual que siempre. Sigo pensando que tengo mucho qué ofrecer, pero nadie cerca con quien compartirlo. Las mujeres me han sido algo esquivo en estos últimos meses, pero no me preocupo... ya caerá una. Pero todo lo tomo deportivamente; si hoy no es mi momento, quizás mañana lo sea.

En lo familiar, las cosas podrían estar mejor. Creo yo que nos merecemos la paz después de todas las cosas que hemos experimentado en el seno de mi familia, pero creo que algunos de ellos simplemente no quieren salir de aquel perpetuo estado de miseria que llaman vida. No entiendo porque si es tan fácil vivir en paz, siempre buscamos el conflicto y la enemistad en nuestras vidas.

Aprovecho también estas líneas para comentarles que pienso retomar el blog y empezar a actualizarlo de manera constante. He descubierto que a pesar de que todo en mi vida está cambiando a estas alturas, aún no tengo un motivo que me impulse a escribir como antes solía hacerlo. La infatuación y la depresión siempre han sido mis mejores alicientes; pero a falta de ellos, creo que tendré que recurrir a la improvisación.

A partir del próximo año, este blog se renovará por completo. Quizás hasta le abra paso a uno nuevo, no lo sé, es una alternativa que ando evaluando. Solo sé que quiero decirle a la treintena de personas que siguen este blog por compromiso o por convicción propia, que prometo continuar escribiendo por y para ellos en el próximo año.

Comenzando desde cero, otra vez...

¡Saludos!

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martes, 21 de setiembre de 2010

The Ataris - Eight Of Nine



these hospital walls are the palest of white
here in this desert they're reciting my last rites
the smell of these halls
brings temporary comfort
as the oxygen flows through my blood
el corazon was poisoned tonight...
she's on her eight of nine.

when half of all your prayers are insincere,
the other half are lies.
here is this watermark under this bridge.
the point where it all crested,
rolled back and drifted into the sea.
i climb from this wreckage
as the smoke begins to clear from my lungs.
the closest of close calls has happened tonight.

it's time that i made things right
for the first time,
since the last time.
let this moment of clarity
lift this curse that has been cast upon me.

appreciate the good times,
but don't take the worst for granted.
'cause you only get so many second chances

Estas paredes de hospital son de las más pálidas de los blancos
Aquí en este desierto estoy recitando mis últimos versos
El olor de estos pasillos
Me trae un confort temporal
Mientras el oxígeno flute a través de mi sangre
el corazón me fue envenenado esta noche...
Ella está en su ocho de nueve.

Cuando la mitad de tus oraciones no son sinceras,
La otra mitad son mentiras.
Aquí está este sello de agua debajo de este puente.
El punto donde todo alcanzó su pico,
rodó hacia atrás y se perdió en el océano.
Escalé este naufragio
mientras el humo empezaba a dispersarse de mis pulmones.
La más cercana de las llamadas cercanas ha ocurrido esta noche.

Es hora de que haga las cosas bien
por primera vez,
desde la última vez.
Dejemos que este momento de claridad
Levante esta maldición que me ha sido invocada.

Aprecia los buenos tiempos,
pero no tomes lo peor por sentado.
Porque un sólo obtiene muchas segundas oportunidades

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martes, 14 de setiembre de 2010

Érase una vez...

...un muchacho que le escribía al amor a toda hora y a todo momento. Había encontrado a la musa que le llenaba de una explosión de creatividad y una sobredosis de inspiración. Evocar el sólo recuerdo de su sonrisa bastaba para llenar miles de líneas en el cuaderno de su vida. Fue una de las épocas más prolíferas de la historia de este joven escritor. Y es que el amor que sentía hacia la fuente de su inspiración era tan inmensurable como las gotas de lluvia en una tarde de invierno o las estrellas en la noche más estrellada de verano.

En efecto, el joven escritor estaba perdidamente enamorado de su musa. Le dedicó sus mejores obras y depositaba un pedazo de su esencia con cada escrito que le presentaba. Se la pasaba siempre idealizando y resaltando las características de ella, tan sólo para ofrecerle las mejores encíclicas que en tiempos inmemoriables se destinaban para recrear los pasajes de los dioses mismos, que poblaron esta tierra antes de que se creara al primer hombre.

Día y noche escribió los versos más hermosos que su pluma pudo crear, y noche y día sufría la agonía del enamoramiento eterno hacia su musa. Pero como todo lo bueno en la vida de uno, nada dura para siempre, ni siquiera el amor. Una fría tarde de verano, la musa se dirigió hacia el joven escritor, quien para variar se encontraba tratando de crear su mejor obra, dedicada a nombre de la mujer que amaba. Ella, triste y envuelta en un hálito de pesadumbre, se le acercó y con un tierno pero melancólico beso, se despidió de su amado y susurrándole unas palabras, partió hacia el horizonte hasta que ya no pudo ser más divisada.

La repentina partida de su musa truncó el océano de creatividad e inspiración que ahogaba al joven escritor desde hacía unos años. Se sumió en la más profunda de las tristezas y en la más oscura de las penumbras, llorando por la súbita marcha de la mujer que significó un antes y un después en su vida. Abrumado por un enorme pesar, se empecinó en continuar con lo que mejor hacía: escribir.

Su pluma, que años atrás había sido artífice de los relatos más hermosos en nombre del amor, continuaba escribiendo maravillas, pero con la única diferencia de que ahora eran odas interminables de odio y desprecio hacia la ingrata que le rompió el corazón y lo abandonó a su suerte. Fue tal su decepción hacia el amor mismo, que un día se apareció ante él, la Soledad. La Soledad lo acompañó durante gran parte de su vida, reemplazando el vacío que alguna vez fue ocupado por la musa del Amor. El joven escritor continuó dedicándole sus escritos más hermosos de decepción y odio hacia su antigua pareja, para el beneplácito de la Soledad misma. Su relación duró media eternidad, ya que incluso todo lo malo, no dura una eternidad.

La Soledad abandonó al joven escritor un día soleado de invierno. Al igual que su primera doncella, ésta se despidió de él con un suave y delicado beso en su frente y le susurró unas palabras al oído, antes de viajar en dirección contraria hacia donde partió la musa del Amor muchos años atrás, hasta perderse también en el horizonte. Nuevamente el joven escritor se encontraba abandonado y ni la Soledad ni el Amor lo acompañaban más.

Dejó de escribir por completo. Arrojó sus pergaminos y sus tintas en la hoguera de sus recuerdos y permaneció en un silencio absoluto. No hacía otra cosa más que pensar sobre lo que había vivido con el Amor y la Soledad, haciéndose siempre la misma pregunta: ¿Por qué me abandonaron? Meditó día y noche, noche y día, de verano a invierno, de invierno a verno. Pasaron cuatro años bisiestos hasta que finalmente llegó a la conclusión de que gozaba de una paz interior tan inmensa como su antiguo amor por sus dos ex compañeras, y fue cuando de pronto, una luz disipó todas sus dudas respecto al transcurso que había tomado su vida. Trató de buscar en los confines más recónditos de sus recuerdos, las últimas palabras con las cuales se habían despedido sus amantes. En el último cajón del ropero detrás de la puerta al lado del muro más alto de la torre más alejada del bosque más hinóspito del reino de su pasado, encontró aquellas palabras escritas en un ínfimo y marchito pedazo de papel.

Fue cuando finalmente entendió el por qué sus amantes lo habían abandonado. Todo había tenido un propósito. Plenamente consciente del significado de su travesía, cerró sus ojos en paz y sonrió por primera vez en años. Al abrirlos, descubrió ante él a sus dos antiguos amores, quienes se fusionaron en una sola entidad: la Felicidad. La Felicidad llegó al joven escritor luego de una media eternidad y muchos años más, pero finalmente llegó a él, luego de alcanzar su paz interior y descubrir verdaderamente, que para poder amar en serio, primero hay que aprender a amarse uno mismo. La Felicidad y el joven escritor, quien ahora no era más que un anciano decrépito por fuera pero que aún conservaba la juventud del espíritu, tomó la mano de su redescubierta amante y caminó con ella, hasta que ambos se perdieron en el más lejano de los horizontes, dejando detrás de ellos un pequeño y marchito pedazo de papel que decía: "Para llegar a la Felicidad, primero hay que experimentar la travesía del Amor y la Soledad..."

Fin.

Mujer del rostro esquivo,
¿cuándo te dignarás a aparecer frente a mí?

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